Así se colocan los cimientos del Nuevo Aeropuerto de la CDMX

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Todo es enorme en el terreno del NAICM, donde ahora se trabaja en la cimentación profunda: 4,431 hectáreas de terreno, 33 kilómetros de barda perimetral, 10,000 personas trabajando, 6,000 pilotes y 10,000 planos dibujados.


La obra del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM) palpita. A diario decenas de góndolas –esos camiones de carga más largos que los comunes torton— realizan 4,500 viajes acarreando tezontle de diversas minas cercanas, e inevitablemente evocan las hazañas constructivas de las grandes obras de arquitectura.
Todo ahí es enorme: 4,431 hectáreas de terreno, 33 kilómetros de barda perimetral, 10,000 personas trabajando, más de 4 millones de horas-hombre hasta abril de 2017, más de 6,000 pilotes, 10,000 planos dibujados para el diseño del edificio terminal, 33 millones de metros lineales de drenes tan solo para una pista.


El Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México, comandado por Federico Patiño, es el órgano responsable de coordinar la mayor obra de infraestructura que se haya realizado en más de medio siglo en México, y la primera parada de este recorrido es justo en su Campamento de Obra.
Ese lugar fue construido dentro de la barda de 33 kilómetros del que será el nuevo aeropuerto, la que fue terminada luego de finiquitar la compra de tierras a las comunidades de Atenco, uno de los pueblos que ahora provee de mano de obra.
Una puerta de cristal se abre y deja ver un render de gran formato que muestra lo que será el NAICM. Aunque la imagen ya se conoce desde la presentación del proyecto de los arquitectos Norman Foster y Fernando Romero en 2014, no deja de impresionar.


El campamento alberga las maquetas del proyecto impresas en 3D, evidencia de la tecnología que caracteriza al despacho de Foster. Así es posible estar cerca de los cuatro niveles que tendrá la terminal y sus 95 puertas de contacto, tan solo en la primera fase, con potencial de llegar a 159, en contraste con las 51 que hoy tiene el aeropuerto.
La maqueta de la cubierta de la terminal, con sus formas onduladas, deja ver la magnitud de los 21 foniles que permitirán captar el agua pluvial y aprovechar la energía del viento, además de soportar toda la cubierta, que más allá de los foniles no tendrá otro sostén, así se conseguirán grandes claros, incluso uno de 175 metros.
Plateada, se exhibe la representación de la torre de control. Este cilindro metálico dimensiona los 90 metros de altura que tendrá la edificación, apenas cuatro centímetros debajo de la de Cancún. Contará con nueve niveles. En su cimentación se hincarán 492 pilotes.


Otra de las maquetas es la del Centro de Transporte terrestre Intermodal (CTTI), que contará con cinco niveles y 5,250 cajones de estacionamiento en una superficie de 81,600 m2. Los baños y sus cualidades antiterroristas —su diseño minimalista quiere evitar la posibilidad de ocultar paquetes—, también fueron maquetados.
Ya en el terreno, una larga fila de góndolas espera el momento de descargar, otras tantas recorren la superficie yendo o viniendo. "Ahora ya hay camino", dice nuestro guía, "hace un año, ¿te acuerdas?, era puro terregal", pero ya desde entonces se acarreaba tezontle.


Hasta ahora se han esparcido más de 4 millones. La nivelación del terreno se realiza por capas. Ahora estamos en la tercera de cinco. Héctor Iván Miranda, residente de obra, explica que luego se colocarán pregarcas (material pesado) de dos metros, y deben permanecer al menos ocho meses.
Para decidir el proceso de nivelación se realizaron al menos nueve pruebas con el Instituto de Ingeniería de la UNAM y Arup, firma que eligió la que se aplica. Por ahora el monitoreo arroja una variación (hundimiento) de un centímetro en el asentamiento.
Máquinas y trabajadores se mueven sobre un terreno rojizo marcado con puntos blancos. "Son las marcas para los drenes", explica el residente. Los drenes, una especie de manguera de poliuretano, se siembra a 16 o 26 metros de profundidad. Su función es acelerar el proceso de asentamiento del terreno retirando agua.
Esta tarea será crucial para evitar el hundimiento de la edificación. El estatus de la obra marca la instalación de más de 22,000 drenes colocados de los casi 60,000 que deberán plantar, sin contar los verticales.

Inventar la solidez

Otra obra crucial es el hincado de pilotes. Ahora ocurre en el centro que forma el trazado de la 'X' que da identidad a la terminal, y que ya es visible desde las alturas. El terreno de la terminal deberá tener 5,578 pilotes con una longitud de 16 a 17 metros y una separación aproximada de seis metros. Grupo Indi es el responsable de los trabajos de cimentación profunda.
Cada pilote pesa de nueve a 10 toneladas y es manipulado por dos grúas, una llamada 'madrina', que erige el pilote y lo deja caer sobre el terreno. "Tiene que entrar con su propio peso", comenta el ingeniero Antonio Martínez, de Indi.
Cada día, un frente de trabajadores, integrado por ocho o 10 personas, debe hincar 25 pilotes. "Depende del clima, si hay mucho viento no se puede, y aquí corre muy fuerte", agrega el residente de Indi.
Justo donde estarán los conos de la cubierta, los que cargarán toda la estructura, se colocan 16 pilotes circulares por cada uno. Los pilotes llegan a una profundidad de 23 metros bajo el nivel de piso. El sol es cegador a las dos de la tarde. Algunos se detienen, de su lonchera sacan alimentos. Imposible salir del terreno. El reloj corre. El aterrizaje de 2018 está cerca.

                                                                                                                                                                      OBRAS WEB


 

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